Si hay un ejemplo de marca, que fue capaz de salir del infierno y volver a ser querida y considerada en un tiempo récord, ese es el de Bankia. Después de una fusión en la que salieron a la luz todo tipo de cosas oscuras, después de las tarjetas Black, de las preferentes, Bankia era una marca destruida.
La estrategia para reconstruirla partió de la honestidad, de reconocer que sabíamos lo que pensaba todo el mundo de nosotros, y una vez asumido eso, defender aquello en lo que seguíamos siendo una marca fuerte: la atención, las personas que trabajan en las oficinas.
Con ese valor por delante, empezamos a cambiar el sentimiento de la calle hacia la marca, convirtiéndonos en el banco que más cerca estaba de la gente, e incluso fuimos capaces de conseguir cosas como empezar a ser considerados por los clientes de empresa, un territorio en el que la marca no tenía ningún tipo de autoridad.
Esfuerzos que desembocaron finalmente en un EFI a la trayectoria de marca.





