Yoigo nació como marca Lowcost, como una alternativa a las grandes Telcos, pero con el paso de los años, tanto por los servicios que ofrecía como por su número de clientes, se había ganado un hueco entre las grandes.
Sin embargo, en la cabeza de la gente, Yoigo seguía siendo una marca pequeña. El camino estratégico para cambiar esa percepción pasaba por empezar a hablar de las de los clientes de Yoigo, de las personas que habían tenido la inteligencia y la visión de hacerse de esta compañía tan diferente a las demás en su forma de ser y actuar, pero con la misma calidad que las grandes marcas. Aterrizamos ese orgullo de pertenencia en un nuevo claim: “Pienso luego, Yoigo”.
Y más adelante, redefinimos el propósito de la marca en torno a ese “Pienso”, añadiéndole un punto activista y reconvirtiendo el claim en “Pienso luego actúo”.
Una estrategia que ha consagrado a Yoigo como una de las cuatro grandes marcas del mercado en número de clientes, y lo ha hecho sin que la marca pierda su diferenciación, sino todo lo contrario, acentuándola para convertirla en la Telco Social.